Reparto de culpas
José Luis Ceja Guerra
Durante años, la sociedad y las autoridades viales de Jiquilpan han estado sometidas, por necesidad y por dinero, a los caprichos de la línea transportista El Águila de Sahuayo cuyos choferes han sido objeto de múltiples quejas sin que sean atendidas por nadie; pero mientras esto se escribe, una niña de 12 años lucha por no perder su pierna a consecuencia de la brutalidad de estos choferes lo que ha generado un ánimo de linchamiento contra esta línea de autobuses.
Para nadie es un secreto, porque así lo han dado a conocer directivos, choferes e inspectores de esta línea, que existe una partida económica que se entrega de manera periódica a las autoridades de vialidad del municipio de Jiquilpan por mantenerse inactivos ante la serie de irregularidades que comete esta empresa.
Sin embargo lo ocurrido en días pasados cuando el chofer del autobús que cubre la ruta Sahuayo-El Platanal “se pasó” el semáforo de la esquina de Constitución y Lázaro Cárdenas al norte de la población y atropelló a una menor, ha causado la indignación de la población, no tanto porque pese a la gravedad de las lesiones infringidas a la menor el chofer salió libre tras el pago de 7 mil pesos, la indignación de la población se centra también en las autoridades viales de Jiquilpan quienes por desconocimiento, intereses personales y económicos y otros factores, simplemente no hacen lo que tienen que hacer.
Pero el tema va más allá, pues las prácticas operativas de esta agrupación transportista que mantiene el monopolio en el trasporte de pasaje desde Zamo
ra hasta La Barca en Jalisco son en verdad dignas de una investigación por parte de las autoridades competentes.
El pésimo estado de las unidades, la incapacidad de sus choferes para brindar el mínimo respeto a los usuarios y sobre todo, unidades que comparten un solo juego de placas son sólo parte de la forma de operar de esta empresa que, además, “regula” de acuerdo a sus necesidades el costo del pasaje lo que deja en toda la Ciénega, el Valle de Zamora y la región limítrofe con Jalisco, un olor a corrupción que permea a autoridades civiles de varios municipios.
En tanto una menor cuyo único pecado fue atravesar la calle mientras el semáforo se lo permitía, se encuentra ante la posibilidad de perder una pierna con la prepotencia de esta línea de transporte y la complacencia de las autoridades viales de Jiquilpan.
Luego de lo ocurrido en la Nueva Jerusalén derivado de un conflicto religioso, parece ser que la intención es quitar de todos los conflictos que se den en otras regiones del estado el tema religioso y tratarlo como una mera pugna entre grupos de habitantes.
Desde hace meses una fracción de la comunidad indígena jiquilpense de San Martín Totolán han solicitado a Cabildo se emita una convocatoria para destituir a su actual jefe de tenencia bajo el argumento de que el delegado del municipio en esta comuna no ha respetado los usos y costumbres en materia de festividades religiosas de este lugar.
Sin embargo a los ojos de varios integrantes del colegiado de Jiquilpan el tema pasa más por intereses económicos que por cuestiones religiosas y en la reciente sesión de cabildo se acordó la integración de una comisión (¿otra?) para revisar este asunto.
Lo curioso es que de manera recurrente en las sesiones de cabildo de Jiquilpan se integran comisiones para atender asuntos específicos y, al menos de forma pública, no se ha dado a conocer el resultado de ninguna de estas comisiones.